miércoles, 22 de enero de 2014

Autores: Diane Setterfield

Diane Setterfield es probablemente la autora que ha influido más en mi “yo lector”. Por eso llevaba tiempo queriendo dedicarle una entrada.



Nacida en Berkshire (Inglaterra) el 22 de Agosto de 1964, se confiesa lectora empedernida desde niña, lo que le llevó a estudiar Literatura Francesa, y terminar siendo profesora tanto en Inglaterra como en Francia.


Sin embargo, en los años 90 se dio cuenta de que su profesión no le llenaba y decidió dejarlo para dedicarse por completo a su sueño de ser escritora,  impartiendo clases particulares de francés para poder financiarse su objetivo.

En 2006, tras más de cinco años de trabajo, nace su primera novela “El cuento número trece”



“Entre mentiras, recuerdos e imaginación se teje la vida de la señora Winter, una famosa novelista ya muy entrada en años que pide ayuda a Margaret, una mujer joven y amante de los libros, para contar la historia de su misterioso pasado

“Cuéntame la verdad” pide Margaret, pero la verdad duele, y sólo el día que Vida Winter muera sabremos qué secretos encerraba “El cuento número trece”, una historia que nadie se había atrevido a escribir”.

Simplemente, a mi esta novela me enamoró. Me enamoró la autora. Su manera de escribir, la atmósfera que crea a lo largo de la historia.

Tan ha sido la importancia de esta obra para mí, que fue la que me enganchó al mundo de los libros. 

Lo encontré en una tienda en una playa, hace ya bastantes veranos, cuando estaba pasando por una enfermedad que me tuvo bastantes meses en cama. Necesitaba entretenerme, y cuando vi la portada del libro tuve que comprarlo. Y eso en esa época dice mucho, ya que para lo único que cogía los libros en esa época era para ponerlo bajo una mesa si estaba coja.

Y desde entonces, simplemente no he parado de leer, se ha convertido en mi principal hobby, y por ello, pese a que la enfermedad fue muy dura en muchos aspectos, no cambiaría mi pasado para que no ocurriera, porque hizo de mi una gran parte de lo que soy. Y eso se lo debo a Diane Setterfield

Diane Setterfield es de esas autoras que tardan mucho en escribir una novela. Hace escasos meses, en Diciembre 2013, cuando vio la luz su segunda y última novela hasta la fecha: “El hombre que perseguía al tiempo”



“Al grajo le encanta que le cuenten una buena historia Lleva cosechándolas desde que existen, desde que hay dioses, hombres y grajos. Y tiene buena memoria…

William acaba de cumplir diez años cuando consiguió la admiración de todos los amigos: su ojo experto apuntó a un grajo que descansaba en un árbol lejano, y tras un instante de concentración, el tirachinas dio en el blanco. Nada grave, en apariencia; solo una chiquillada, pero a partir de entonces su vida cambió y William se propuso olvidar el pasado, trabajando duro para adelantarse al tiempo y a sus leyes

Los años fueron pasando y un hombre vestido de negro empezó a rondar a William en las circunstancias más trágicas. Nació así una extraña unión entre los dos caballeros y se inauguró en Londres una tienda espléndida, donde se exponían las telas y los complementos adecuados para el duelo de los difuntos.

El negocio fue un éxito, y durante un tiempo William pensó que su apuesta por el olvido era acertada, pero llegó el día en que un grajo muy negro surcó el techo acristalado del almacén: de golpe el pasado volvió, cargado de secretos y dispuesto a tomarse su venganza”

En cuanto me enteré de la fecha de salida de su nueva novela fui directo a una Fnac a comprarla. La devoré. Me duró tres o cuatro días. 

Sin embargo, no sé si sería por las ganas que le tenía o porque realmente es algo inferior a su primera novela, me pareció que le faltaba algo. Es una novela con potencial, con un planteamiento muy bueno, pero que da la sensación de estar todo el tiempo a despegar, pero que finalmente no llega a hacerlo. Aún así, la forma de escribir de Setterfield se deja leer, y es un placer discurrir por sus frases.


Aún así, sé que el próximo libro que saque Diane será un adquisición segura. Me gustó demasiado “El cuento número trece” como para arriesgarme a perderme otra historia de tal magnitud

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