domingo, 20 de julio de 2014

La curiosidad ganó al miedo

Diez minutos antes de levantarse Marga escuchó un ruido extraño. Ella, como muchas otras personas se asustaban de esos extraños sonidos de la noche, de aquellos sonidos que nunca podemos estar seguros si los han captados nuestros oídos o es nuestro cerebro intentando hacernos sentir un mal rato quién está jugando con nosotros.


Marga no era más valiente que tú o yo. Era una chica normal, pero sí que tenía una gran virtud. Era muy curiosa. No podía parar cuando algo extraño rondaba su mente. Tenía que descifrarlo. Tenía que hacer encajar las piezas de ese puzle en su cabeza hasta poder comprender todo lo que significaba.

Su cama estaba colocada junto al lado de la ventana. Estiró el brazo y comenzó a subir la persiana con la esperanza de que algún rayo de luz iluminase al mismo tiempo su habitación y su mente. Sin embargo aún era demasiado pronto y el sol aún descansaba antes de afrontar su nueva jornada de trabajo.


Rápidamente desenchufó su Smartphone de la mesilla de noche. Introdujo el patrón de desbloqueo y fue directa a la aplicación llamada “linterna”. El pequeño flash de su dispositivo se iluminó con suficiente fuerza como para que cualquier espíritu sensible a la luz hubiese huido despavorido.

Observó con una mezcla de sentimientos su cuarto. La curiosidad se mezclaba con sus nervios en el estómago, haciéndola sentir de una manera extraña. Para nada se sentía mal. La curiosidad aislaba totalmente su miedo. Lo cubría de tal forma que le era imposible dejarlo salir a flote ni aunque ella hubiese querido. Estaba cegada por ella. Así había sido siempre y en muchos líos se había metido por esa razón.

En la habitación no había nada. Miró bajo el escritorio, entre las estanterías con sus decenas de libros apilados que ya no le cabían en la habitación… De pronto se encontró de frente con el lugar donde tenía que haber mirado en primer lugar. En todas las historias de miedo que conocía el monstruo se escondía tras las puertas del armario esperando a una oportunidad para atacar cuando la penumbra y la calma inundaban el hogar.

Sin ninguna precaución extendió la mano derecha hacia el pomo del mismo mientras con la izquierda sujetaba el móvil iluminando la madera de la que estaba construido. Mientras tiraba hacia atrás para abrir la puerta ésta emitió un sonido que hubiese hecho estremecerse al mismo Lucifer. Pero no a ella. Sólo quería saber que había allí dentro. Qué clase de criatura podía haber entrada por la noche sin que nadie se enterase a su habitación, sin despertar ni a su hermano ni a sus padres, y haberse escondido en un armario esperando para asustarla o vete tú a saber qué más. Ella no esperaría. Ella iría a por él. No la iba a pillar durmiendo. Sabía defenderse y lo haría.

Nada. El armario estaba lleno. Toda su ropa y algunos juguetes antiguos para los que se había hecho muy mayor para jugar estaban dentro de él. Pero nada más. Nada extraño. Nada sobrenatural.
Marga suspiró. Otra vez su imaginación y su curiosidad le habían jugado una mala pasada. Apagó la luz de la linterna y se volvió a meter en la cama. Debía dormir o al día siguiente estaría destrozada.

Cuando ya sólo le faltaba su pequeño pie derecho para estar encima de ella volvió a escuchar ese sonido. Era extraño, ahora le había resultado familiar. Alguna vez había escuchado algo parecido. Estaba segura. Pero no sonaba en su habitación, sino en el salón, en el piso de abajo.

Sin pensárselo dos veces saltó una cama. Emocionada, nerviosa. Abrió la puerta rápido y sin ninguna precaución bajó las escaleras rápidamente. Iba tan rápido que un pequeño traspiés podía haber hecho que cayese con extremas consecuencias, pero demos gracias a que sus pies se pusieron de acuerdo para trabajar correctamente.

Encendió la luz del salón. La boca de Marga se curvó en una sonrisa enorme, de esas que cuando las miras desde fuera te dan confianza, te dan seguridad y te pueden arreglar un día.

El salón estaba lleno de globos y serpentinas, Había un gran cartel que mostraba un colorido y gran “Feliz decimocuarto cumpleaños Marga” que llenaba toda la pared tras el sofá. Y sentados en él se encontraban su padre, su madre y su hermano con su regalo. Un gatito, un pequeño gatito que había estado haciendo todos esos sonidos.


“Bienvenido a casa Naki” dijo Marga casi con lágrimas de felicidad en los ojos.

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