jueves, 8 de enero de 2015

Hasta el año que viene Navidad – Relato

Chicos, hoy vengo con una gran necesidad y es que os tengo que contar que todo lo que sabéis acerca de Rudolf es una gran falsedad.

Siempre nos han contado que es un reno muy especial pero, ¿y si no perteneciese a ninguna clase de animal?

Han llegado hasta mis oídos extrañas leyendas acerca del origen de este pequeño «animal». Y es que en realidad era otro tipo de ejemplar, mucho más parecido a vosotros de lo que podéis imaginar. Antiguos trovadores cantaban que Rudolf era persona humana y que el único recoveco de verdad lo encontrábamos en que tenía la nariz colorada. Ya podéis imaginar que el bebé tenía un gran moqueo cuando lo encontraron en el mes de enero.


Mamá Noel caminaba hacia el pueblo para comprar mientras Papá Noel trabajaba en su taller junto a un gran número de elfos, intentando las luces del trineo reparar. El antiguo artefacto no pudo evitar contra una antena parabólica chocar, y es que los avances tecnológicos últimamente solo consiguen despropósitos. Sin luces nuestro gordo amigo quedó en pleno vuelo sin saber los renos por donde darse un meneo. Rendirse no era una opción, lucharían contra los obstáculos con gran obstinación porque sabía como era de malo dejarte a ti y a tus amigos sin regalo.

Cuando Mama Noel llegó junto hasta su esposo observó que al arreglo no había sido nada fructuoso. Sin embargo, en otra cosa tuvieron que ponerse a pensar, porque es que el bebé no para de llorar. Todos los del taller se pusieron a imaginar que es lo que a un bebé le puede relajar. Papá Noel siempre se había guiado por las cartas de sus pupilos y nunca había tenido que sacar las ideas de su propio bolsillo, y es por eso que estuvo desesperado hasta que un pequeño recuerdo en su cabeza había aflorado.

Recordó que cuando era un chaval había una cosa que le animaba pasara lo que pasara, y era tomarse un dulce como si nada más importara. Tantas veces este método usó que casi todos los días tenía correr un nuevo agujero el cinturón.

«Elfo trame un caramelo de naranja o de limón que al llanto del niño hemos de poner solución» 

Ninguna oposición puso el niño al regalo y lo cogió de la mano sin ningún tipo de cuidado. Un elfo dejó de trabajar cuando la nariz del niño se puso a brillar. «Los faros del trineo no vamos a tener que arreglar, la nariz del chico se ilumina con solo conseguirle alegrar». «¿Cómo le vamos a llamar?». «Por el nombre de Rudolf en todo el mundo se le conocerá»

Puede que nunca sepamos su origen, pero esta claro que no es el que todos dicen. Rudolf no es reno sino bebé y aquí ha encontrado su razón de ser. Dándole un caramelo su nariz se ilumina y a partir de las Navidades que viene a los renos servirá de guía.


Ahora que sabéis la verdad ya me puedo retirar, no sin antes exclamar: ¡Hasta el año que viene Navidad!

@CarBel1994


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