martes, 31 de marzo de 2015

Formas de leer

La forma en la que leemos ha cambiado mucho en muy poco tiempo. ¿Te has dado cuenta? Yo no he podido evitar fijarme. 

Hemos vivido una época en la que el papel ha tenido el «monopolio» de la lectura. Las opciones para hacerse, hasta no hace demasiados años, con un nuevo libro no eran muy diversas. Podían concretarse en cuatro:

  • Acudir al establecimiento más cercano (librería, centro comercial, supermercado…) donde se vendiesen libros y comprar uno.

  • Hacerte socio de alguna biblioteca para poder coger prestados todos los libros que tuviesen en su catálogo.

  • Pertenecer a algún «club de lectura».

  • Que algún conocido te prestase ese libro del que no para de hablar.




El papel era el elemento constante en todas las opciones, pero esto no iba a mantenerse mucho tiempo. Pronto aparecieron los ordenadores y la conexión a internet, lo que permitió a los lectores aumentar nuestro abanico de posibilidades. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos descargado, sobre todo cuando éramos más pequeños, algún libro de forma cuestionable de internet y nos hemos dejado la vista leyendo en la pantalla del ordenador? Yo lo hice. Y si bien no me acuerdo de qué novela exactamente fue, tengo muy definida en mi cabeza una imagen de todos los compañeros de clase mandándose unos a otros un archivo con una traducción fan de la última novela de la saga Harry Potter. A pesar de que yo no había leído la saga en ese momento, (y ahora tampoco, es una tarea pendiente) la curiosidad me pudo y también pedí el documento. No la terminé, por supuesto.

A pesar de que la traducción era mala, de que había párrafos inconexos y frases que no se habían llegado a traducir, el boom que produjo esa obra fue increíble dentro de mis amigos. Prácticamente todos ellos se la acabaron. Estaban ávidos de información, estaban ansiosos de conocer el final de Harry y Voldemort. Ahí me di por primera vez cuenta de que el mercado cambiaba, y yo tenía escasos trece años. A partir de ese momento empecé a investigar mucho más acerca de las posibilidades que ofrecía el mundo online. Comencé a ver series y a buscar más y más libros, aunque durante esa época mi afición por el formato audiovisual predominaba en gran medida. La conciencia acerca de lo que suponía piratear la tuve más tarde, sin embargo, eso es otro tema que abordar hablaros en entradas posteriores.

No pasó mucho tiempo hasta que un día mi padre apareció con un eReader en casa. Se lo habían regalado en el trabajo. No obstante, él, enamorado de los libros toda la vida, y romántico del papel, ni siquiera llegó a darle una oportunidad. Esos días yo estaba más centrado en los videojuegos y la televisión. Los libros habían pasado a un segundo plano. Aún así, mi lado friki de la tecnología se sintió muy atraído por ese aparato. Lo cogí e intenté entenderlo, Llegué a conseguirlo. Lo conecté al ordenador, lo configuré y descargué varias novelas para leerlas. Entre ellas El código Da VInci, obra que por cierto aún no he leído (tampoco, si es que a mí todas estas obras «obligatorias» nunca me han acabado de llamar). El problema era que en esos años ni las tiendas ofrecían un amplio catálogo online ni la subida de contenido literario de forma ilícita estaba muy extendida, por lo que ese cacharro que tanto me había llamado la atención poco a poco fue quedándose oculto en algún rincón de mi mente y uno aún más recóndito de algún cajón.

Pasaron los años y, tal y cómo os conté en entradas anteriores, el mundo de los libros fue abriéndose para mí. Se convirtió en una de mis formas predilectas de acceder a nuevas historias. Me convertí en un auténtico devorador de letras. En una de mis visitas habituales a la tienda FNAC, mientras caminaba por la sección de tecnología vi algo que llamó mi atención. Un eReader de Sony. Era blanco, y la verdad es que era muy bonito. Me acerqué a él, con cuidado, todo el mundo me había dicho que leer en máquinas como esa le quitaba todo lo que tenía de bonito a los libros. El dependiente se aproximó a mí y me vio muy interesado. Me explicó cómo funcionaba y cómo se accedía a contenido. Ellos mismos tenían un apartado en su web desde el que podía comprar todo tipo de obras. 

Os diría que me resistí, que me lo pensé y que volví dos o tres días después a comprarlo. Pero mentiría. Antes de que me empezase a hablar de él yo ya estaba totalmente convencido de comprarlo. Era pequeño y pesaba poco. Parecía lo ideal para leer toda clase de libros pesados, sobre todo por aquel entonces en el que el viaje de verano familiar se aproximaba. La tercera novela de Canción de Hielo y Fuego y El club de la lucha me acompañaron esas dos semanas de agosto. Tiempo suficiente para hacerme ver que el formato digital era el futuro.

Desde entonces he tenido, a parte del de Sony, un Kindle básico y un Kindle Paperwhite, que es el que utilizo ahora mismo. Sigo leyendo en papel. También soy un enamorado de él. Las sensaciones de ir a una tienda para comprar un libro se pierden con el nuevo formato, la sensación de ver y escuchar el paso de las páginas, o el poder aspirar el aroma a papel nuevo, son emociones que tendremos que aprender a olvidar. Y me apena. Pero también veo claro hacia donde tiene que virar la industria. Y es que un niño que cuando era pequeño soñaba con ir a la tienda a comprarse un videojuego nuevo y, que en vez de llevarse la caja y el cartucho, deseaba que le introdujeran un chip para no tener que ir cargando con los juegos a todas partes, siente una gran atracción ante toda esta comodidad, a parte del hecho de contaminar menos.
SI fuera por mí tendría libros por todas partes, por todas las estanterías. Pero por comodidad siempre elegiría el formato digital de mi Kindle. Los viajes en bus y tren son mucho más amenos desde que ha llegado a mis manos. 

Entiendo los argumentos de que el formato físico es mejor, que hay muchas experiencias que no queremos dejar de lado. Pero, ¿cómo despreciáis así algunos este formato? El contenido es el mismo, y la comodidad es mayor. ¿No nos han dicho siempre que no hay que juzgar un libro por su portada? Pues no lo hagamos sea de papel o sea una pantalla.

Con esta entrada buscaba dar información acerca de qué productos usaba para leer. Sus características, precios, y si los recomendaba o no. Cómo no es raro, me he ido por las ramas y me ha quedado una entrada totalmente diferente. 

Espero que os guste igual y la otra llegará.




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