jueves, 5 de marzo de 2015

«La llamaban Cenicienta»

De broma sus amigos la llamaban Cenicienta. Todos los días cuando la luz del Sol despuntaba por el horizonte cogía su escoba y se ponía a barrer. No podía dormir nunca más de tres o cuatro horas porque tenía demasiadas cosas en la cabeza. Prefería estar moviéndose que pensando en todo lo que le deparaba el día.

Es por ello por lo que buscaba mil tareas que hacer. Si no hacía nada se sentía mal, desaprovechaba las horas, mientras que si por lo menos ayudaba en su casa esa sensación la abandonaba duramente al menos unos minutos.

Pero los sentimientos que creamos artificialmente siempre acaban siendo vencidos por los que realmente tenemos. La sensación de responsabilidad siempre acaba alcanzando a la de falso orgullo.

Cuando la última mota de polvo había desaparecido del salón nuestra Cenicienta miró el reloj. Las doce de la mañana. «He vuelto a desperdiciar las cuatro primeras horas de su día» pensaba mientras se sentaba un segundo a descansar. Pero ese instante que a muchos nos hubiese parecido de paz y relajación no hizo más que avivar el fuego que poco a poco intentaba consumir la energía de esa chica a la que llamaban como la princesa de un cuento.

Mientras subía por las escaleras dispuesta a ponerse a hacer lo que tenía que hacer, Rayo, su pequeño perro, se le cruzó por el camino. Ese pequeño contacto visual con una mirada que no fue ni siquiera encandiladora fue suficiente para que Cenicienta dejase sus responsabilidades otra vez a un lado para dar un paseo con Rayo.



Pero los paseos terminan y los pensamientos vuelven. Porque si hay algo de lo que nunca vamos a poder huir es de nosotros mismos. Vayamos donde vayamos y nos escondamos tras lo que nos escondamos, nuestra mente siempre va a ir un paso por delante.

Cenicienta acabó por darse cuenta y subió a su habitación. Abrió los libros y se puso delante. Le costó mucho, pero al final su mente le dio una tregua mientras le ayudaba a perderse en el mundo de los conocimientos. 

Aunque algunos la llamasen Cenicienta, ella era más de Bella, de ese personaje que consiguió dominar a su bestia interna.


2 comentarios:

  1. A veces las ganas de querer ser mas superan el impulso físico
    👌📝
    ZantoPutoBlogger
    www.zantoputo.blogspot.com

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