domingo, 5 de abril de 2015

Leyendas finlandesas: Vainamoinen

Desde bien pequeñito me han llamado mucho la atención las leyendas que circulan por el mundo. Sobre todo, la manera en la que cada una de ellas intenta explicar cosas semejantes, ante lo cual todas acaban contando prácticamente lo mismo pero desde puntos de vista diferentes. Si tengo que buscar en mi memoria un momento a partir del cual estas empezaron a llamarme la atención creo que lo tendría bastante claro y, como no, es un momento friki de mi infancia de esos que me caracterizan.

Me han interesado desde que de pequeño vi la segunda película de Pokémon. La de Lugia y las tres aves legendarias. No sé qué es lo que más me llamó la atención: si el hecho de la profecía que predecía el fin del mundo, si el intento de invocar a un héroe que salvase a la humanidad, el hecho de que hubiese un elegido… Lo que sé es que desde ese momento me han interesado mucho todo este tipo de historias.

Por ello he decidido traeros de vez en cuando algunas leyendas que encuentre y que me parezcan interesantes. Intentaremos abarcar todas las culturas posibles y así hacernos un poquito más listos mientras aprendemos todos juntos. ¿Os gusta la idea? Tampoco descarto traer historias que estén dentro de historias, como podrían ser los cuentos que encontramos en novelas como El nombre del viento.

En esta primera entrega nos trasladamos hasta Finlandia y nos encontramos con Vainamoinen, un mito que intenta explicar el origen del mundo y la evolución del mismo. Os lo dejo por aquí a ver si os gusta.



Vainamoinen

Prestad atención, porque esto es cierto:

Hubo una vez una muchacha de aire, hija de la naturaleza, que vivía en los cielos vacíos. Como se aburría, bajó al azul oleaje del mar. El viento sopló con fuerza y las olas se encresparon, y los dos juntos hicieron que la muchacha concibiera un hijo: Vainamoinen. Durante setecientos años llevó al niño sin nacer. Desesperada, llamó al Anciano que sostiene el cielo para que la liberará de los dolores del parto.

Un día apareció un pato salvaje volando en busca de un sitio donde posarse. Se detuvo sobre la rodilla de la muchacha que sobresalía del agua, y allí construyó su nido, donde puso siete huevos: seis de oro y uno de hierro.

Mientras el ave empollaba los huevos, la muchacha del aire sintió como si le quemaran. Se los sacudió de encima, y al caer al mar se quebraron. De los huevos nació la madre tierra y los cielos encima de ella, así como el sol, la luna, las estrellas y las nubes. Pasaron diez años más y la muchacha de aire hizo las islas y los continentes, pero su hijo seguía sin nacer.

Durante otros treinta veranos, Vainamoinen se preguntó qué le estaría esperando en el mundo fuera del vientre de su madre. Luego, invocando la fuerza del sol y las estrellas, consiguió liberarse, y su madre regresó a los cielos. Ocho años meció el mar a Vainamoinen antes de que llegara a tierra firme.

La tierra desnuda concibió un hijo, Pellevoirnen, a quien Vainamoinen le pidió que sembrara el suelo de árboles y flores. Cuando los árboles formaron bosques, Vainamoinen tomó un hacha y despejó el terreno para plantar la primera cebada, si bien dejó un abedul para que los pájaros
se posaran en él. Luego rogó al Anciano del cielo para que las regara. Y así creció la cosecha.

Pero Vainamoinen anhelaba una esposa y decidió buscarla en la región del norte. Un águila le llevó cruzando el mar. Sin embargo, los vientos azotaron con tal fuerza que, al llegar, se sintió tan agotado que sólo pudo tumbarse en el suelo y llorar deseando volver a casa.

Louhi, la desdentada señora del norte, le oyó:

- ¿Qué me darías por enviarte de nuevo a casa?-le preguntó.

Vainamoinen le ofreció oro y plata, pero ella sólo aceptó una cosa:

-Te devolveré a tu tierra, donde el cucú canta, si me forjas el Sampo, el molino de la abundancia. Hazlo batiendo la pluma de un cisne, la leche de una vaca, un grano de cebada y la lana de una oveja. Yo, a cambió, te entregaré a mi hermosa hija.

-Yo no puedo forjar el Sampo -dijo Vainamoinen-, pero Ilmarinen, el herrero, sí puede.

-Entonces llamaló -dijo Louhi, sonriendo impaciente -y tendrá a mi hija por esposa.


Vainamoinen cantó una tonada para llamar a Ilmarinen el herrero a la región del norte, para que construyera el Sampo. Durante tres días trabajó Ilmarinen en su forja, martilleando y batiendo, hasta que el Sampo se terminó. En un lado estaba el molino del trigo, en otro el molino de sal y en un tercero el molino del dinero.

La bruja Louhi quedó complacida con el trabajo y encerró el Sampo bajo siete candados, enraizándolo en la tierra mediante un hechizo. Sin embargo envió a Ilmarinen de regreso a casa por mar, en un barco de cobre, pero sin su hija. Dispuestos a vengarse, Ilmarinen y Vainamoinen decidieron robar el Sampo, y Lemminkainen, un amigo suyo, les acompañó de regreso al norte. A fin de adormecer a Louhi, Vainamoinen interpretó una dulce tonada con su kantele, permitiendo así a Ilmarinen abrir los candados. Luego Lemminkainen intentó arrancar el Sampo, pero sus raices mágicas no cedieron. Así que trajeron un esplendido toro del norte, ararón las raices del Sampo y lo robaron.

Al embarcarse los tres camaradas de regreso a su tierra, Lemminkainen empezó a cantar una canción triufal. Eso despertó a Louhi, quien llamó a su hija la niebla para que cubriera el barco. Sin embargo, Vainamoinen, con su radiante espada, logró abrir un camino entre la niebla.

Louhi entonces llamó a una monstruosa ballena para que subiera de las profundidades, pero Vainamoinen la obligó a sumergirse de nuevo. Seguidamente, Louhi llamó al Anciano del cielo para que desencadenara una tormenta, y mientras la nave de Vainamoinen se debatía en un mar embravecido, la asaltó un barco repleto de hombres vengativos. Pero el héroe lanzó al mar un trozo de yesca, la cual se convirtió rapidamente en un arrecife oculto, y el barco de Louhi naufragó.

Ésta se colocó guadañas en los pies para utilizarlos como garras, se ató en los brazos maderas del barco naufragado para formar unas alas, y utilizó el timón como cola, convirtiéndose en una mujer pájaro, en una enorme águila. Voló entonces en pos de Vainamoinen y se posó en el mástil de la nave.

-Señora del norte -la llamó Vainamoinen-, ¿no querríais compartir el Sampo?

-¡Nunca! -exclamó.


Entonces Vainamoinen la golpeó con un remo, haciéndola caer del mástil. Sin embargo, al caer consiguió atrapar el Sampo, arrastrándolo consigo. Louhi y el Sampo chocaron con el agua y el Sampo se hizo pedazos. El molino de trigo y el del dinero se rompieron, quedándose Louhi sólo con una pieza: la herencia desnuda de las heladas tierras del norte. Por su parte, Vainamoinen acumuló riqueza para la tierra de Finlandia. Pero el molino de sal sigue en el fondo del mar, moliendo sal hasta el fin de los tiempos.




2 comentarios:

  1. A mi todo esto me parece super interesante :)
    un beesito

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    1. Sí. La leí y me pareció tan interesante que me decidí a traerla e incluso a abrir una sección de leyendas.

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