viernes, 20 de enero de 2017

«Desnudos de ideas para abajo» | Carmelo Beltrán



Habéis declarado la guerra al destino para solo darle una palmada en la espalda, habéis proclamado vuestra rebelión a los cuatro vientos, y solo habéis sido el cayado de aquellos a los que rechazabais. Habéis robado las esperanzas de todos los que creyeron en vosotros, y, os puedo asegurar, que no hay crimen más castigado.

Habéis confiado en la estupidez humana, habéis apostado todo a la confianza ciega en vuestras palabras. Habéis instado a ser parte de una batalla que solo os pertenece a vosotros y habéis jugado con pobres peones ilusos que dejaron todo al pensar que habían encontrado su lugar.


Habéis jugado vuestras cartas a la locura de los colores, al alma desgarrada de sentimientos que habéis clavado en nosotros en sueños que vivíamos despiertos, habéis experimentado con nosotros como si fuésemos marionetas en las que podías incluir prejuicios como si de meros fascículos se tratara y no os habéis olvidado de dejar preparado un botón con el que sacarlos a relucir, sin importar cuanto se contradigan entre ellos.



Habéis tocado tantas cuerdas de la guitarra de nuestra alma que nos habéis vuelto completamente locos, tan mal de la cabeza que pintamos sueños en cuadernos desgastados y los perfilamos con frases inacabadas para que nunca se nos escapen, tan dementes que aceptamos nuestro trastorno como reino en el que vivir y ya estamos preparando el equipaje para abandonaros y no volver a veros nunca más.

Hemos perdido el juicio y nos hemos desnudado de ideas para abajo en medio de la calle, nos hemos parado a escucharnos unos a otros, a contarnos paranoias prohibidas y nos hemos prometido recorrer los rincones de la insania solo vestidos con carcajadas imprudentes.

Hemos declarado que no existen las verdades absolutas y instaurado la paz como forma de vida y no como mero período entre guerras. 

Nos hemos dejado llevar por las voces de una esquizofrenia que no tiene final, pero habéis sido vosotros los que nos habéis insuflado la locura. Ahora ateneos a las consecuencias.

Carmelo Beltrán

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