lunes, 10 de abril de 2017

El dilema lector de Nochevieja

Lo que os voy a contar hoy va a hacer que penséis que estoy mal de arriba. Bien pensado, es una auténtica chorrada y un simple quebradero de cabeza que me surgió en los dos últimos días del año 2016.




Mi novia me regaló este libro por Navidad —o más bien yo le dejé caer de una forma muy insistente que quería que fuese mi regalo—. No lo empecé el día que me lo regaló, sino que tuve que relegarlo unos cuantos días después, a pesar de todas las ganas que tenía acumuladas para hacerlo, puesto que estaba enfrascado en una historia que me estaba apasionando: Amor y virtud de Rolly Haacht.

Total, que no fue hasta el día 30 de diciembre cuando pasó por mis manos y me dispuse a perderme entre una de las distopías que más fama tiene en el mundo literario —no por nada dicen que es una de las tres grandes—. 

Poco a poco me fui preocupando por una tontería. Me enganché muchísimo y las páginas avanzaban casi sin darme cuenta. Son sólo ciento ochenta y está narrado de una forma que hace muy sencilla su lectura, así que me di cuenta de que si seguía leyendo a ese ritmo iba a terminar el libro en muy poco tiempo, y eso me puso muy nervioso por dos situaciones:

  • Si lo acababa lento me daba miedo no digerirlo bien y no quedarme con todos los planteamientos que realiza. El libro había conseguido que me pusiese a pensar casi desde la primera página y me daba terror literario quedarme sin atisbar los detalles, sin entender qué era lo que lo hacía tan especial.
  • Claro que podría releerlo posteriormente, pero eso a lo mejor implicaba que no me dejase tan marcado como 1984 o Un mundo feliz, ambos de más extensión, lo que conllevaba más tiempo dentro de su historia.
  • Por otro lado, era una historia que me estaba gustando tanto que me daba algo de pena terminarla en 2016 y que no fuese la primera obra con la que abría 2017. Siempre me gusta empezar el año con libros que me marquen y sabía que la obra que viniese tras ella iba a estar a su sombra a no ser que fuese excesivamente buena. 2016 lo comencé con la enésima relectura de El Principito y por ello me hacía mucha ilusión que fuese Fahrenheit 451 quien diese el pistoletazo de salida a los siguientes trescientos sesenta y cinco días.


Después me di cuenta de que no era solo eso. También el hecho de haber hecho ya la lista de las mejores lecturas y haberme dejado fuera a una que seguramente hubiera entrado me daba pena, así que quería poder incluirla para el 2017. Sí, sé que muchos me diréis que simplemente la hubiese catalogado en dicho tiempo, pero a mí lo de mentir no me gusta un pelo, ni siquiera por esta plataforma, así que no lo consideré una buena opción.

En ese momento me di cuenta de que quizás estaba un poco trastornado de la cabeza, así que lo mejor que pude hacer fue abrir la bañera, darme un baño caliente como paso previo a salir en Nochevieja y disfrutar de Pokémon Luna hasta la hora que tuviera que irme.

No me toméis por más loco de lo que ya estoy y, recordad, las cosas que importan son las que nos hacen sentirnos como un niño de nuevo, y a mí toda esta travesura mental y su colofón jugando a uno de los juegos de mi infancia lo consiguieron.

Ah, que queréis saber qué hice al final con el libro… Pues sí, pospuse su final hasta 2017.

Carmelo Beltrán


4 comentarios:

  1. Pasa con los libros que gustan,csí, así es.
    Saludos

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  2. Yo por eso no hago la la lista de mejores libros hasta que no termine el año porque nunca se sabe lo que puede pasar jaja
    Lo importante es que hayas disfrutado de la lectura
    Un beso

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