lunes, 17 de abril de 2017

«Ninguna de las constelaciones» de Carmelo Beltrán



Su historia estaba conformada por cada una de las estrellas que lucían en el firmamento, por cada una de las constelaciones que daban forma a sueños del pasado y con cada brisa los árboles daban el do mayor para que los búhos comenzasen a tocar la banda sonora de su tristeza, la única de la cual recordaba la melodía.


Todas las noches acudía a aquella colina en busca de la luciérnaga que iluminase su oscuridad, pero en su lugar solo aparecían sombras que susurraban pesadillas y encantamientos que le hicieron olvidar que a veces somos nosotros mismos los que escondemos nuestra luz.

Sin embargo, ninguno de los mitos dibujados en el firmamento sabía que la música era mágica, y que de tanto escuchar la banda sonora de sus lamentos la convirtió en la fuerza con la levantarse por las mañanas, la canción que cantaba en la ducha y el ritmo con el que bailaba cuando nadie la miraba.

Carmelo Beltrán



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