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domingo, 6 de agosto de 2017

«Un baile más» | Un relato de Carmelo Beltrán

Carmelo Beltrán


En aquel lugar nadie necesitaba música, pues el océano componía para ellos. Las serenatas de las olas y las caricias del mar sobre la arena interpretaban la banda sonora de la última de sus noches juntos, la cual habían decidido pasar contemplando desde la ventana la marea que les arropó hacía más de cuarenta años por primera vez.

martes, 2 de mayo de 2017

«Bailamos bajo la luna» de Carmelo Beltrán



La música sonaba en la noche nublada del primer día que comprendí cómo funcionaba el mundo. Solo hizo falta la canción que me recordaba a la arena de una playa para que viajase entre recuerdos y aterrizase en uno de los «y si…» más grandes que he tenido el placer de vivir y, como no sabía cómo encontrar la forma que deshiciese el nudo de lágrimas que encerraban mis pupilas, simplemente me puse a escribir.

lunes, 24 de abril de 2017

«La misma plaza de siempre» de Carmelo Beltrán | Relato



En el mismo lugar de siempre la sexta campanada entonó la melodía del atardecer y su sonido acompañó los nervios que nunca habían padecido. Era un día más de una historia corriente, pero las palomas ya sabían que todo cuento tiene un punto y aparte, y este era el suyo.

lunes, 3 de abril de 2017

«Llaves de tiza» de Carmelo Beltrán | Relato



En este mundo existen mercaderes de sueños. Espíritus que cambiarían las leyes del universo por hacer feliz a alguien. Seres tan difíciles de reconocer que, si no fuera por el sonido a mar que arrastran sus almas, serían como cualquier otra persona más. Pero no lo son.

Son aquéllos que te convierten en espadachín con dos periódicos enrollados, ésos que te hacen sentirte maquinista con dos trozos de papel y muchas horas de su sueño, los que te harían futbolista y serían al mismo tiempo rival, árbitro y afición y que con una simple revista son capaces de conseguir que sonrías durante tantas horas que el Sol no estaría para contarlas.

lunes, 13 de marzo de 2017

«La chica de las estrellas» de Carmelo Beltrán



La chica de las estrellas respiraba melodías en conciertos, sonreía con silencios, se alimentaba de momentos y en instantes sin tiempo, se olvidaba de su brillo color coral.

Ella era la historia de un pasado y el espejismo de un futuro, de recuerdos que acechaban al presente, de sueños vividos siempre despiertos, de letras de canciones que cobraban significado.

A su lado la prudencia era revolución, la afonía, pecado, y las lágrimas, noches en coches en las que las almas recobraban las fuerzas para ser salvadas. 

domingo, 19 de febrero de 2017

«Tiempo» de Carmelo Beltrán | Relato



Hacía tanto que había perdido de vista al tiempo, que se asustó cuando volvió a toparse con sus segundos. Los minutos, tanto tiempo fantasmas de su pasado, volvieron a cobrar formas conocidas frente a su espejo, bocetos de recuerdos de otra vida, de otro mundo y, a veces, pensaba, de otra dimensión.

Sus horas se pintaron de nuevo de bailes, sonrisas y de noches llenas de cervezas y carcajadas hasta el amanecer. Disfrutó del tiempo que nunca había conocido, amó en centésimas de segundo y le usurpó pesadillas al destino. 

martes, 31 de enero de 2017

«Aquella noche le visitarían sus demonios» de Carmelo Beltrán | Relato


No reconoció a aquel reflejo de mirada vacía que le contemplaba desde el espejo sino como la sombra de los pesares que arrastraba su mente desde hacía tiempo ha. Era la viva imagen de todos los miedos a los que nunca hizo frente y de aquellas debilidades que tatuó en su piel por ser tan cobarde de preferir ocultarlas a pedir ayuda.

En cada una de sus manos radicaba su debilidad. Habían pasado demasiados meses desde la última recaída, tantos, que ya ni siquiera había seguido marcando sus días a salvo en aquel calendario que tenía en la pared. No le había parecido necesario, pensaba que había vencido a su demonio, pero aquella tarde descubrió que únicamente acechaba en busca de su oportunidad.

domingo, 8 de enero de 2017

«No hay silencios sin música» | Relato de Carmelo Beltrán



Cuando la noche sumió en oscuridad aquel lugar perdido, los grillos se pusieron el esmoquin y comenzaron a entonar su canción. Los búhos se desperezaban en las ramas de los árboles mientras otros bostezaban cuando se escondían en sus madrigueras y, en medio de todos, dos jóvenes sobre el capó de un vehículo contemplando las estrellas.

Los búhos les contemplaron con atención, atentos a cada movimiento de aquella especie animal que nunca habían visto discurrir por su territorio y ellos les devolvieron la mirada, admirando aquel rincón al que habían acudido para perderse. 

jueves, 5 de enero de 2017

«Retazos de tiza» | Relato de Carmelo Beltrán



Llegué al punto exacto donde el Sol se ponía. La Luna, juguetona, sonriente y complaciente acariciaba el cielo en su camino hasta las alturas. Algunos dirían que ambos astros se guiñaron los ojos para despedirse, pero yo no tenía ojos para nadie.

Aquel día, aquel atardecer solo era un niño en cuerpo de hombre que caminaba entre recuerdos hechos de rastros blancos. Cuando el mar tocó la octava campanada me senté en el asfalto, atraje las miradas, y cerré presto los oídos para que ninguno de esos pensamientos me distrajese de lo que había ido a hacer.

jueves, 29 de diciembre de 2016

«El dibujo sobre el espejo» | Carmelo Beltrán



Descubrió que estaba perdido cuando se contempló en el espejo. ¿Quién era? ¿Qué hacía ahí? ¿Qué quería hacer? Su mano rozó el reflejo. No era más que alguien desconocido con las facciones de una sombra del pasado, aderezado con decepción y con una pizca de frustración.

La simple visión le hacía daño, pero sus ojos llorosos no permitieron que les llevasen lejos de aquella imagen. Era ella, o por lo menos había visos de serlo. Era ella, o al menos lo había sido en el pasado.

jueves, 22 de diciembre de 2016

El niño que quería ser héroe de cuento | Carmelo Beltrán

EL NIÑO QUE QUERÍA SER HÉROE DE CUENTO



Ni siquiera el calor de su habitación fue suficiente para consolarle. Las sábanas habían dejado de tener aquel efecto reparador en su cuerpo, ahora sentía que el monstruo podía alcanzarle en cualquier momento y que ni el abrazo de su madre era suficiente para protegerle de aquel mal.

La ansiedad aumentaba de forma exponencial. Aquel niño contemplaba el resto de su cuarto desde lo alto de su lecho. Miraba a cada esquina a la que alumbraba con su linterna, escudriñaba las sombras bajo ataques de pánico y pugnaba contra sus instintos para no correr despavorido.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Un peluche entre villancicos | Relato de Carmelo Beltrán



Los gritos tomaron las calles. Los pasos ansiosos resonaban en las paredes de los edificios. Buscaban un lugar seguro, se buscaban a sí mismos, buscaban no tener que mirar atrás, pues sabían qué era lo que iban a encontrar. Un terror demasiado conocido, una historia demasiado habitual, la enésima secuela de una saga que nadie quería continuar.

Los villancicos se tornaron silencio en lo que un pez volvía a beber. Las canciones sonaban distintas. La desazón tomó la plaza. Los puestos vacíos llenos de adornos hablaban por sí solos. Los chillidos de desesperación de los que clamaban a alguno de los tantos dioses que habían provocado sucesos surcaban los cielos, asustaban a las nubes, intimidaban a los pájaros que no se atrevían a cantar.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

«Piloto automático» | Carmelo Beltrán



Dícese que no hay instante sin tiempo, pero dicho momento fue tartamudo en su grito. Relojes de arena mecían sus granos y manijas perdidas observaban en derredor, rezando porque alguien les dijese hacia dónde tenían que caminar. La paz invadió el mundo, pues no había segundos para la guerra y algunos afortunados quedaron en la cresta de una ola, sintiéndose invencibles.

El espacio congelado y mi corazón latiendo desbocado. Gritos abandonados suspendidos en el aire y todo mi dolor expresado en un susurro desnudo y pudoroso que se sonrojaba cuando algún despistado le daba la espalda.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

«Lo que mueve el mundo» | Carmelo Beltrán



Quiero ser el café descafeinado de una noche que no se puede disfrutar, perderme entre historias que se cruzan cual eclipse, transformarme en el instante en el que un escritor pone el punto y final y sentirme como el estribillo de una canción cuando es entonada a coro por miles de personas.

Anhelo ser el primer latido de una vida, el segundo en el que todo el mundo calla, el pliegue de la piel que se forma cuando sonríes. Deseo ser el tic nervioso del que se enfrenta a lo desconocido, el momento de duda de quien nunca se rinde, el impenetrable secreto que guardas dentro de ti y que es lo único que te describe.

martes, 25 de octubre de 2016

«Cáncer» | Carmelo Beltrán


Nunca nos presentaron, pero eso a ti te dio igual. Llegaste sin avisar, arrasando, llevándote lo que fuera por delante, sin pararte ni un solo segundo a plantearte que cada vez que entras a un hogar solo la llenas de dolor, de frustración y, por encima de todo, de despedidas, y dejas un rastro de presión en el pecho que nadie es capaz de soportar sin romper a llorar.

sábado, 22 de octubre de 2016

«El enamorado de la noche» | Relato de Carmelo Beltrán


Nunca supo si la noche era su fiel consejera, pues le bastaba estar seguro de que no había amado a nadie tanto como a ella. Significaba todo para él, su momento de calma, la brisa que mecía su alma en cada ocaso, la oscuridad que le tapaba y le protegía de la dura realidad, el instante que hacía que todo lo demás tuviera sentido. Se sentía él mismo con ella, como si no tuviera que disimular, como si pudiese dejarse en el armario todos sus disfraces y, simplemente, sonreír.

Como toda relación de cuento que se precie, esta no fue fácil, algunos dirían que ni siquiera fue difícil, sino que acuñarían el término «caos» para definirla. Su vida juntos fue una historia de constelaciones, de viajes interestelares y de silencios incómodos. Al principio era ella la que decidía no responder a sus llamadas, quien no se emocionaba de sus poemas y le iluminaba el rostro para mostrar su desplante, hasta que llegó un día en el que él perdió toda esperanza.

jueves, 13 de octubre de 2016

«Los cuentos de la abuela» | Relato de Carmelo Beltrán



Si los recuerdos tienen poderes, a mí me están hechizando con su magia, con imágenes a color de momentos que no sé si viví, pero que por alguna razón se quedaron gravados en mi memoria. Nunca se me olvidará aquel día, sentado en la cama, sufriendo por las pesadilla que se empeñaban en abordar mis sueños, en robar el botín de mi descanso, en alumbrar las noches con instantes de pánico, que solo se podían salvar con las historias que solo ella conocía.

Mi abuela siempre fue un personaje desconocido, misterioso. Una incógnita de una vida, un paseo por la incertidumbre, un mar de preguntas que jamás quedaron respondidas y cuya oscuridad era capaz de iluminar las más oscuras experiencias. Aquella noche apareció en mi habitación. Era verano y como cualquier época estival que se preciase lo estaba pasando en su casa. Estoy completamente seguro de que dicha noche no grité, no exhalé ni una palabra, ni un sonido delatador, pues me había valido de mi fina sábana para protegerme de cualquier amenaza que se atreviese a acecharme, y aún así, ella acudió en mi ayuda.

martes, 20 de septiembre de 2016

«¡Respeta mi trabajo! | Relato de Carmelo Beltrán

Cuando la luz se apagó las historias dejaron de importar. Quiénes éramos, de dónde veníamos… Nada tenía ningún sentido en aquella sala. Desde donde me encontraba podía escuchar las respiraciones nerviosas de los desgraciados que me acompañaban, podía notar el olor del sudor que corría sus cuellos por culpa de los nervios, podía sentir cómo sus corazones pugnaban por salírseles del pecho, acongojados ante la perspectiva de una muerte que no tardaría en aparecer.



Era mi momento favorito, mi instante de placer, el culmen de mi obra de arte, la razón por la que me levantaba cada mañana y sonreía al Sol dispuesto a entregarle un nuevo tributo a cambio de la vida eterna. Aunque si os soy sincero había mucho más. Vivir para siempre es un tesoro, pero no sé si me lo proporcionaba aquel pacto maldito con un Dios ancestral o el orgasmo que alcanzaban mis sentidos cuando la piel de una de mis víctimas se resquebrajaba al escapar su alma mientras gritaba aterrada pensando que todavía le quedaba alguna esperanza.

El plan era siempre el mismo. Primero les hacíamos sentir el terror de verse sin salida, el momento de desesperación en la que un alma se da cuenta de que su vida ha llegado al punto final, alimentando el miedo de sus compañeros de viaje eterno con sus gritos, expulsando hasta el más oscuro remordimiento por sus lágrimas, sufriendo hasta ese momento en el que aceptaban su destino, instante en el que el juego continuaba.

Entonces encendíamos un hilo de luz, abríamos ligeramente una ventana y dejábamos que el aire fresco inundase la habitación. El sentir la vida ajena les influiría esperanzas, salvación, una nueva oportunidad por seguir en ese mundo del que tanto se habían quejado, del que tanto habían blasfemado y al que nunca habían agradecido por haberles otorgado el milagro de la vida. Ahora era cuando lo querían, cuando estaban a punto de perderlo, cuando la perspectiva de una vida eterna en el infierno que se habían ganado no era atractiva y preferían posponer su inevitable sino hasta que sus corazones aguantasen.

sábado, 17 de septiembre de 2016

«La locura del artista» | Relato de Carmelo Beltrán

La música ensordecedora del concierto rodeaba los sentimientos de los presentes, las luces iluminaban sus rostros de forma sistemática, como si estuviesen escrutando qué pasaba por sus mentes cuando decidían abandonarse al ritmo de una canción que les hacía sentir completos, felices, ajenos a cualquier aspecto mundano mientras aquellas notas siguiesen volando subidas al viento.



Al llegar el estribillo el mundo se plegaba justo en ese punto, convirtiéndose en el centro de todos los pensamientos que realmente importaban, siendo la envidia de cualquiera que estuviese en otra parte del planeta, vetado de sentir su piel erizarse con la energía que desprendía una humanidad que se había entregado a lo único que la unía en cualquier rincón del mundo, por apartado que fuera.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

«La música de la Luna» | Relato de Carmelo Beltrán



El mundo está lleno de soñadores, de locos, de personas que cantan en la ducha hasta dejarse la voz la última canción que no pueden sacarse la cabeza, de gente dispuesta a dejarse la piel por lograr una sonrisa más cada noche y de mantener la respiración para no asustar a los deseos.

Ellos eran de esos, de los que cada día miraban al sol con la chulería necesaria para hacerle frente, de los que gritaban a los cuatro vientos cada mañana que querían ser felices y que nada iba a interponerse en su camino. De los que siempre sacaban una excusa para reír aunque el mundo estuviese yéndose al garete, de los que se agarraban a la mínima pista de esperanza y la regaban cada mañana para cumplir sus sueños.

Sin embargo, nadie les enseñó nunca que de locuras no se vive, que de solo buscar las estrellas fugaces no se cumplen los deseos y que cuando la vida se vuelve en tu contra ni el más fuerte de los anhelos puede ayudarte a reconducir tu camino. Tuvieron que aprenderlo a la fuerza, con el impacto de un choque que hizo virar sus vidas ciento ochenta grados y que colocó a cada uno de ellos en una dirección opuesta, distante, que no les dejaba mirarse a los ojos.