martes, 11 de agosto de 2015

«Oscuridad» – Relato

Estos días he pasado por una mala racha. En estas situaciones es cuando más ganas tengo de escribir, tengo las emociones a flor de piel: «Oscuridad», un relato basado en la frustración. 

Os lo dejo a continuación:

Oscuridad



—Uno, dos, tres, cuatro… uno, dos, tres, cuatro… uno, dos, tres, cuatro… —cuento en voz alta, intentando que el sonido de mi voz me impida perder la cordura.

Cuatro pasos hacia delante, cuatro hacia la izquierda, cuatro hacia la derecha… eso es todo el espacio que tengo en esta celda en la que estoy recluida. No soy capaz de verla. He tenido que aprenderla con mis manos. Ninguna ventana deja entrar los rayos del sol, ni la preciosa luz de la luna. No sé cuantos días llevo aquí. La única manera en la que puedo orientarme es por el tamaño de mi barba.

No, vuelvo a oirlo. Alguien vuelve a caminar en el exterior. «Tap, tap, tap», lo escucho. Son los mismos pasos de siempre, el mismo carcelero ha estado conmigo todos los días. Quiero que entre, quiero que entre y me deje salir. Da igual si vivo o muerto, un día más en este lugar y me volveré loco, ¿o ya lo estoy? A veces escucho el ruido de un cuchillo en el aire, como si una pequeña guillotina afilada estuviese colgando del mismo y día tras días fuese descendiendo. Pero eso es imposible, ¿verdad?

Está introduciendo la llave en la cerradura. «Click». No sé que voy a hacer ahora, ¿qué me va a pasar? ¿Me va a hacer algo? ¿Hace cuánto tiempo que no entra aquí?

El sonido oxidado de la puerta al abrirse acompaña al destello que ciega mi mirada. Me miro las manos por un momento, están llenas de sangre. Se acerca. Tiene un cuchillo en las manos. Me lo ha puesto en el cuello. Es curioso, sé que estoy dentro de la escena, pero parece como si mi mente la estuviese viviendo desde fuera, como si no fuese más que un espectador en mi vida. ¿En esto me han convertido?.

Me pone de rodillas y otros tres operarios entran en la habitación. Arrastran una cama de la que cuelgan cadenas. Me resistiría, pero no tengo fuerzas para ello. Parece que por fin voy a escapar de aquí.



Me atan y me golpean. Lo hacen solo por diversión. No voy a quitarles ese pequeño placer. Cuando estoy totalmente inmovilizado encienden la luz. Había un cuchillo, era verdad. Es de enormes dimensiones y está acercando peligrosamente a mi cuello. Me va a tocar, por fin voy a poder irme de aquí.

***

—Uno, dos, tres, cuatro… uno, dos, tres, cuatro… uno, dos, tres, cuatro… —cuento en voz alta, intentando que el sonido de mi voz me impida perder la cordura.

Cuatro pasos hacia delante, cuatro hacia la izquierda, cuatro hacia la derecha… eso es todo el espacio que tengo en esta celda en la que estoy recluida. No soy capaz de verla. He tenido que aprenderla con mis manos. Ninguna ventana deja entrar los rayos del sol, ni la preciosa luz de la luna. No sé cuantos días llevo aquí. La única manera en la que puedo orientarme es por el tamaño de mi barba.

4 comentarios:

  1. Dicen que los mejores relatos te salen cuando estás de bajona (a mí no me pasa, al contrario, pero eso dicen), y creo que en este caso te ha venido bien. Muy buen relato :D

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    1. Gracias por tus palabras, Jorge. Me alegro de que te guste.

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  2. Sublime!
    Me recuerda mucho a un relato corto que escribí hace muchos años de una chica atrapada en una casa que pierde la nocion de la realidad (:
    ¿Has pensado en escribir relatos más largos?

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    1. Me alegro de que te guste, primita.

      Sí que lo he pensado y tengo proyectos por ahí que se van cociendo.

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